Vinoteca Moratín

Idílico restaurante en el Barrio de las Letras en Madrid.

Ambiente íntimo, pero serio, nada ñoño. Mesas y vigas de madera iluminadas con una luz tenue. Servicio impecable, que recomienda y explica los platos y que no duda en contarte alguna anécdota de cómo ha llegado a producir un plato concreto. Buena materia prima trabajada con un toque personal.

La carta no es muy extensa, pero es concisa y además cuanta con muy buena bodega y buen servicio de vinos que deja claro de nuevo el conocimiento que tienen de lo que ofrecen.

Probamos las alcachofas con sal de cecina. Frescos corazones de alcachofa con el aliño necesario y la cecina en “arena” que en textura me recordaba un poco al pangrattato.

Puerros confitados con romeresco. Una manera suave de servir los puerros con todo su sabor y el romeresco con ciertos toques de almendra y avellana muy interesante.

Steak Tartar. Sin palabras. Soy bastante fan de este plano y no tengo claro si eso me hace muy crítica o muy fácil de convencer, pero en este caso, de manera objetiva, eso creo, os digo que estaba muy bueno. Carne cortada a cuchillo, suave y tierna y muy bien aliñada.

Merluza al cava. Es el plato del que menor recuerdo tengo. Estaba buena porque sé que se deshacía perfectamente el pescado, pero no tengo claro que sea algo excelente.

El precio medio por persona ronda los 25-35€ dependiendo de si se pide vino, lo cual me parece una perfecta relación calidad precio si tenemos en cuenta la calidad de la materia prima y el servicio. Espero que siga así mucho tiempo.

Imposible ir sin hacer una reserva.

 

***Un par de semanas más tarde vuelvo a la Vinoteca Moratín. De nuevo, una grata experiencia.

Pedimos la Cuchara del día, que en este caso era un riquísimo salmorejo con papaya que rebajaba la acidez del tomate sin quedar muy dulzón y estaba buenísimo con las lascas de queso.

Salmón con vinagreta de encurtidos. Muy rico. Tierno y jugoso sin estar graso y con el aliño necesario.

Canelones rellenos de carrillada de ternera. Un manjar. Canelones rellenos de un guiso de toda la vida, con la carrillada deshilada que estaba buenísima. Lo único que me sobró un poco fue tanto queso y es que aunque estaba muy bueno, en ocasiones era demasiado y le restaba protagonismo a la carne.

Aún queda carta que probar, y hay cosas que no se pueden dejar sin terminar 🙂 o sin repetir.

vinoteca_moratin

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