Baserri Maitea

Tengo la idea de que en País Vasco se come bien en todas partes -a no ser, claro,  que te metas en el McDonals de Bilbao-.

Este verano pasé unos días por la costa y una de las razones del viaje, era la gastronomía, para demostrar mi teoría más que nada. Pimientos rellenos, alubias de Guernica, las típicas tapas en San Sebastián, txuleta , txangurro, txipirones y sí, sí, hay que bajarlo con algo, así que también txacolí.

Rico, rico. Menos mal que el viaje incluía caminatas porque si no, iba a volver rodando.

Para darnos un lujillo uno de los días, decidimos ir a algún restaurante bueno y por recomendaciones de amigos, fuimos al Baserri Maitea.

Un restaurante de postal. A 10 minutos de Gernika, pasado una zona residencial de chalets con bastante buena pinta. Tras el Baserri, campito. No está muy bien indicado, pero según llegas a Forua, hay carteles que te señalan el camino.

En un enorme caserío del S. XVIII rodeado de jardines en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, se puede comer una de las mejores carnes a la brasa de la zona.  El ex-portero del Athletic, José Antonío Zaldua, es quien dirige este local donde se puede disfrutar de comida tradicional vasca de calidad.

Baserri Maitea agosto 2012. 60 Guernika. Baserri Maitea

Habíamos reservado mesa en la sala de la antigua cocina, para mí la sala más bonita. Altas paredes de piedra, una chimenea para caldear el ambiente en invierno, vigas de madera vistas y hasta un arbolito decorando el interior. Ambiente rústico y amable.

Baserri Maitea

La carta no decepciona a nadie. Cremas, arroces, pescados, carnes y unos postres caseros increíbles.

Nosotros pedimos unos chipirones sobre cebolla confitada y aceite de pimiento verde ya que era la temporada. Riquísimos. Blanditos pero no suaborros y lo mejor de todo, un detalle que me encantó. Como eran para compartir nos los trajeron en dos platos. A mí esto me facilita mucho la vida ya que el que me soporta es un tragón y cuando pedimos platos para los dos, apenas me da tiempo a probarlos.

De segundo, un chuletón de buey a la brasa. Aunque nos habían hablado bien de la merluza, el verdadero protagonista del restaurante es la carne. 1 kg. de tierno buey poco hecho que me hace salivar sólo de recordarlo. A favor además del sabor es que apenas había hueso por lo que pagas realmente por carne que te vas a comer.

Como nos quedaba huequito, pasamos a los postres. Un soufflé de chocolate con helado de mojito (que realmente sabía a mojito y no a menta rara como la mayoría de los que he probado) y pastelito de arroz con leche sobre galleta crujiente y helado de canela. Ojo, no son pequeños y están buenísimos.

Como fuimos en coche, tomamos media botella (cuyo nombre a estas alturas no recuerdo. Era un tinto Ribera del Duero) y junto con agua, café e infusión nos salió por unos 45€ por persona.

El servicio es agradable y se puede tomar el café en la terraza. Para medianos eventos tienen otra sala más clásica donde se puede tener más intimidad.

Sin lugar a dudas es recomendable.

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