Sábado dominguero

Este sábado de puente era el momento ideal para aprovechar y salir un poco al campito. O al menos era el día menos malo. Sin lluvia y con menos movimiento en la carretera.

Como tampoco queríamos ir lejos, el que me soporta, unos amigos y yo tomamos buena nota de las diferentes rutas de la Sierra Pobre de Madrid, su dificultad, nuestro estado físico (pobre, muy pobre) y dónde poder ver agua, árboles, rocas y algo cultural. Después de una investigación de unos 15 minutos (hay millones de rutas y es mejor elegir una sin buscar mucho) y una obsesión con ver Buitrago de Lozoya se organizó el día. Caminata de El Paular a la Cascada del Purgatorio y después merienda en Buitrago.

Desde Madrid hay que llegar a Rascafría por la A-1 y coger la salida 69. Allí, continuar al Puente del Perdón situado frente al Monasterio de Santa María del Paular (en obras por lo que no pudimos verlo pero el paseo para verlo desde fuera con los montes a lo lejos y los jardines es bonito). Ahí tras pelear para aparcar el coche arranca la excursión. Cargados con nuestras mochilas llenas de comida, como buenos domingueros, comenzamos la caminata.

La primera parte estaba bastante llena de gente, pero coincide que hay un aula de educación de la naturaleza (entretenido para los niños), el puente (del S. XVIII que sortea el Lozoya), las Presillas con zona de baño, bares y un albergue juvenil.

Cuando se acaba la pista asfaltada que lleva a Las Presillas empieza lo bonito de verdad. El camino, señalizado con carteles de RV-6, se atraviesa por una pista forestal de tierra una zona llena de robles. Nos encontraremos con varios portones y señales de prohibido el paso pero no hay problema pues está indicado para coches no autorizados.

Tras cruzar el arroyo Aguilón y andar un ratito, se empieza a ver zonas del valle del Lozoya con el Monasterio a lo lejos.

En la baliza número 5, cogemos el camino de la izquierda pues de lo contrario seguiríamos al puerto de Los Cotos.

Un poco más lejos, llegados a otra bifurcación, cogemos el camino de la izquierda (ya está hecho la mitad del recorrido y es momento de reponer fuerzas con unos cacahuetes y un poquito de agua) donde se sigue por un pequeño ascenso. Poco a poco el paisaje va cambiando dando paso a una mayor variedad de árboles y comienzan a aparecer pinos (algunos muy curiosos).

En dos momentos del camino se pueden tener dudas de que senda seguir. Pasado un puente de madera nos encontramos con una finca de frente y un camino a derecha e izquierda siguiendo el río. Debe cogerse el de la derecha. Más adelante vuelve  ocurrir más o menos lo mismo. De frente hay un pontón de hierro y a la derecha un camino que se estrecha un poco y se hace más difícil debido a las rocas y las raíces de los pinos. Ese es el nuestro.

Se baja hasta el arroyo y se cruzan varios puentes de madera para seguir por una vereda que discurre junto a su margen. Al poquito se ve la cascada inferior del purgatorio. Para llegar a la superior, de unos 15 m. de alto, hay que subir por unas rocas unos 10 minutos. Dificultad media, que hay que recordar que si yo sigo viva es que no era difícil.

Imposible perderse pues está bien señalizado.

A los pies de la cascada hay pozas donde algún valiente se puede refrescar. Yo ahí no meto el pie ni en verano, que se me cae!!

Aquí, a 6 km. del comienzo del itinerario es el momento para pararse a comer con el sonidito del agua de fondo, los riscos en frente y el solecito en la espalda.

Tortilla de patatas, pimientos verdes, filetes de lomo, fuet, queso, mandarinas, oreo y agua, mucha agua. Que el campo da hambre.

Tras un buen descanso en una de las piedras (está lleno de berrocales) comienza el camino de regreso. A paso más rápido como si conociésemos el camino de toda la vida pasamos por los pinares, los robles jóvenes y el arroyo para llegar de nuevo a nuestro parking.

Por lo leído en Internet, el regreso se puede hacer por el otro margen del arroyo en un camino que sale donde antes comentaba que tras un puente había que coger el camino de la derecha. En este caso, para regresar, sería el de la izquierda. Nosotros volvimos por el mismo camino debido a una mezcla de olvido y pasotismo por recordar lo de esta opción.

12 km. en total. No es mucho desde el punto de vista de un excursionista. Desde el mío, no está nada mal.

Siendo otoño, la belleza del camino es indudable. Los robles ofrecen una amplia gama de colores del verde al amarillo pasando por el rojizo que contrasta con el color oscuro de los pinos. A lo largo de la senda en varios puntos hay moreras (mmmmmm quedaban algunas moras que cayeron a nuestro paso), además de algunas flores de rosal silvestre y unas florecillas moradas muy bonitas.

Con el coche, en 20 minutos llegamos a Buitrago de Lozoya. Pueblo pequeño con una bonita zona intramuros donde merece la pena cruzar su puente para ver su perfil desde el otro lado del río. El Alcázar del S.XV y de fuerte influencia árabe, está siendo restaurando. Se pueden ver 4 de las 7 torres originales, el foso y los muros de sillarejo y ladrillo. La Iglesia de Santa María del Castillo (S.XIV) fue incendiada en 1936 perdiendo el retablo y las bóvedas de crucería. He de reconocer que lo del retablo no lo veo como algo negativo y es que las iglesias recargadas y llenas de dorados me dan un poco de terror. Ésta, ha utilizado el interior para dar cobijo a influencias musulmanas, judías y cristinas que dejaron marca en la zona. Por dentro es sencilla y espaciosa aunque sea de una sola nave. Con un bonito techo artesonado y los muros de piedra que se conservan desde su construcción.

Aunque no lo vimos porque ya estaba cerrado, hay un museo de Picasso y es que el peluquero del pintor con el que tenía gran amistad era del pueblo. Las obras que le regaló (grabados, cerámicas y bocetos) están aquí expuestas.

Como habíamos “comido poco y andado mucho” había que merendar y encontramos un sitio bastante cutre-curioso para tomarnos unos churros con chocolate, que cuando el sol se va empieza uno a necesitar cosas calentitas. En Rick’s (grande el nombre del bar y grande el logo con la bandera de España) los hacen en el momento. Churros y porras muy ricas. El chocolate un poco más regulero pero bebible. Lo mismo te vende churros, que un whisky, que un permiso de pesca. Así es Rick’s.

Ya sólo quedaba la vuelta. Su poquito de cabezadas en el coche, de atasco en la zona de Plaza Norte 2 y ya en casa se acaba lo bueno. Queda fregar los tupper.

Un buen día que habrá que repetir para conocer otras zonas, para los que no conozcáis ésta, os la recomiendo.

Para todos aquellos que vayan al campo, por favor, recoged toda la basura que generéis. No es ninguna molestia llevar una bolsita de plástico para meterlo todo y no dejar porquería que estropea la zona visualmente y ecológicamente y que puede ser peligroso. Y a los que llevéis perros, si los dejáis sueltos (que no debería ser así por respeto a los demás pero entiendo que es una pena que estén todo el rato atados), controladlos y no los perdáis de vista. Un bóxer de dueño desconocido (por suerte para él porque de haber visto quien era, se hubiese llevado algún mal comentario) se comió parte de nuestro queso y meó un poco más arriba donde había una pareja comiendo un bocata.

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